Algunas reflexiones sobre la Globalización, Internet y Compliance | Gaspar Díaz Pedrero

Algunas reflexiones sobre la Globalización, Internet y Compliance

Hoy en día el cambio social viene ligado a la evolución tecnológica. Internet ha supuesto una revolución en las comunicaciones y en el conocimiento. La universalización de la informática permite el avance de los países atrasados y nos lleva a un mundo globalizado. Pero la globalización también tiene aspectos negativos y así, ha provocado la mayor concentración de capital, pérdida de poder de los Estados, incremento de los desplazamientos migratorios y exclusión social conocida hasta el momento. Esta concentración de capital acapara la innovación tecnológica y busca eliminar las dificultades normativas que encuentra en su camino hacia el beneficio. En palabras del profesor Eugenio Raúl Zaffaroni, “la moderna tecnología y la supresión de barreras agiliza el desplazamiento de capitales en procura de más renta en menor tiempo, manejados por tecnócratas que no son sus dueños. Esto reduce el poder de los estados sobre los capitales e incluso su control. El objetivo de mayor renta en menor tiempo va venciendo todos los obstáculos éticos y legales, o sea, que produce una peligrosa desviación hacia lo ilícito. Los estados debilitados son incapaces de controlar las actividades del capital aligerado de obstáculos éticos, pero además éste corrompe sus instituciones”.(Zaffaroni, 2007).

Ante estas nuevas situaciones se evidencia la incapacidad de combatir esta nueva criminalidad organizada y es entonces cuando surge una nueva legislación penal de emergencia que invoca la excepción y la necesidad para justificar los elementos inquisitoriales que introduce. Comienzan a tipificar delitos de peligro abstracto o incluso actos preparatorios, penas absolutamente desproporcionadas, se habilita a los servicios de inteligencia para que procedan a escuchas y controles, se amplía considerablemente la institución de la prisión preventiva … Pero sin embargo, olvida adoptar medidas efectivas como puede ser la supresión de los paraísos fiscales y el secreto bancario, lo que permite que estas organizaciones oculten el dinero producto de sus actuaciones criminales.

Sin llegar a esa desviación ilícita y mucho menos a la corrupción de las Instituciones, el poder que pueden alcanzar las Grandes Corporaciones no debe dejarse a su arbitrio. Es en el Ordenamiento Jurídico de los Estados Unidos, donde por primera se descubre esa amenaza y se instaura la responsabilidad colectiva. Desde la época de ferrocarril, se comprueba el poder de estos colosos y la necesidad de ponerles freno. El poder de estas Corporaciones en la actualidad amenaza a todos los continentes. Muchas de estas entidades, superan los presupuestos de muchos países. La deslocalización de las empresas con las consecuencias que esta conlleva (forum shopping, lex fori o posibilidad de elegir la competencia jurisdiccional) y lo que se conoce como la sociedad del riesgo, hacen necesario que planteemos la necesidad de establecer barreras a este poder.

Después de la crisis financiera del 2008, los Estados han asumido este nuevo reparto de poder y están decididos a poner punto y final a esta situación. Y ahora surge la pregunta de como se combate esta pérdida de poder de los Estados frente a las grandes Corporaciones. Estados Unidos ha sido siempre un país donde el poder estatal no ha tenido la importancia que tiene en Europa. Esta debilidad ha hecho que en ese estado se exija a las empresas que asuman la tarea de controlar nuevos riesgos que pueden desencadenar en delitos. Esa tarea pública supone la autorregulación que no es más que la autoimposición voluntaria de estándares de conducta por parte de las Organizaciones. El buen gobierno corporativo, el derecho de los mercados financieros, prevención del blanqueo de capitales, son algunos ejemplos de esta autorregulación. Para ello, bien por medio del legislador o, bien por medio de un Órgano estatal (en EEUU las Sentencing Comision), se establece una serie de criterios o directrices que indican a las empresas los elementos esenciales que deben incorporar sus programas de cumplimiento. Estos programas de cumplimiento pueden ser la herramienta  adecuada siempre y cuando exista una cultura empresarial que apueste por valores éticos y no sólo por el beneficio económico.

Ese es el verdadero reto, un cambio en la cultura empresarial. No hace mucho leía un artículo que trataba de explicar el porqué se había llegado a la situación de delinquir por grandes Compañías como Wolkswagen. El autor encontraba la respuesta en que era la única manera de poder hacer frente a los requerimientos de dividendos que exigían los accionistas, y de las remuneraciones que cobraban los altos cargos directivos.

 

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